viernes, diciembre 29, 2006

Días agetreados...




En realidad, tengo un tanto de suño, mucho cansancio, mis ojos se cierran, pero mis manos, me llevan a escribir, quizá nada muy importante, tal vez algo que actualice un poco este espacio, abierto a las letras, narraciones y muchas otras cosas...

Estos días han sido cansadores, pero sumamente buenos, de esos cuando el cuerpo ya no puede más y la mente pide un poco de vacaciones, pero el alma se siente tranquila y feliz...

Días agetreados, donde se vive a mil por hora, pero disfrutando cada segundo, devolviendo los instantes que mis otras obligaciones tomaban para sí el resto del año...compartiendo esos momentos de luz y de oscuridad, de alegrías y de tristezas con quienes quiero... tratando de hacer perdurar las cosas buenas, arreglando las que no lo son tanto y tratando de disfrutar los que son mis últimos momentos con alguien demasiado especial...

La buena música, la buena compañía y los buenos momentos ameritan el cansancio y mucho más....

Ahora, me queda dormir, algo que desde más menos una semana no hago como se "debe"...algo que si bien no me mantiene viva (porque puedo soportar un par de días más sin dormir) es necesario absolutamente en este momento, pues mis manos tienen sus venas hinchadas por el calor, mis ojos tienen ojeras por la falta de sueño, mis piernas gritan de cansancio...

Sólo agradezco a Alá que tenga todas las partes de mi cuerpo...
porque sin los pies, quizá hubiese sido muy difícil caminar
por todos los lugares de Valparaíso por
los cuales he andado en estas semanas,
sin mis ojos, no hubiese visto
tantas cosas y personas maravillosas...







1 comentario:

Anónimo dijo...

Akai neko
赤い 猫

Hay dulzura en la partida
y ambigüedades de lágrimas
en la rompiente de este día,
y un futuro discutiendo con el hoy
que mañana será ayer
con mis miedos y mis ansias.

Hay siete vidas
en mis gatos rojos
hay para ellos una poesía
y ojos en la noche
buscando no ser desesperados.

Y Natalia
y Valparaíso
hacen el amor descalzos
a la orilla de un cielosanto
y el mar su vuelve él
y él se vuelve mar
al quebrar en la piel de ella…

…de Natalia
que enamorada tiene miedo
de ahogarse
en donde no hay mar ni huella.

Estrellas en mi valle
de casa bajitas
y pueblos de sal,
amándonos por Bellavista
y besándote en Colon
entre Argentina y Uruguay
y en cada esquina donde también
mi valentía me permitió.

Jazz, que adulas mi paladar
y me sirves otro trago
en mi copa fría de arrebato
no me dejes olvidar
el arrabal de sus manos,
la lejanía de sus ojos,
la eternidad de sus gatos,
un papel, un beso,
y un francecito que no me deja de mirar.