sábado, marzo 17, 2007



Hoy te encontré, estabas sentada en el suelo, con colores rosa en tu cuerpo y ninguna sonrisa en la cara, me dijiste que sólo querías regresar y te conté que nunca te habías ido, pudiste oír lo que dije, en cada instante... pude leer en tu rostro todo lo que me querías y todo lo importante que soy para ti.

Namasté -dijimos-

no estoy bien -
me dijiste-

yo estoy contigo
-respondí -

una lágrima cayó de tus ojos... y una sonrisa escondida estaba en tus labios sentimos lo que la otra sentía, supiste todo aquello que me sucedía...

yo tampoco estoy bien -
te dije-

yo también estoy contigo
-respondiste -

Aquellas palabras que dijiste, supe que habían sido mías, pero me habían calmado...

Te extraño -dijiste de nuevo-

Yo más que ayer y menos que mañana -interrumpí-

Creo que ya llegaré... siento que necesito un abrazo -continuaste-

Ven, sólo un segundo y quédate por siempre... te daré un abrazo como el que nunca te di - dije-

Creo que ya es tarde, debo irme... debo volver donde no quiero... -sentenciaste-

Una lágrima en nuestros ojos, caían lento, como nunca esos minutos se hacían eternos. Yo, moría contigo, mi camino se hacía gris y el invierno, duro como el sólo acompañaba mis pasos...

Vi una pequeña luz... casi al final del camino, había una flor botada en el piso y un sol triste entre las nubes... viniste, te acercaste, volviste a decir todo lo bueno que habíamos pasado, en tus manos tenías un libro con hojas celestes y también una pluma, me llamaste...

Escribamos un libro - dijiste ahora-
Creo que es lo único que quiero - respondí, con un tono alegremente bello-

Comenzamos... con una pluma y mil recuerdos... descripciones... y tantas cosas...

De pronto, todo comenzó a tener luz... los colores volvieron al cielo, las lágrimas eran risas, de esas contagiosas que no acaban nunca...

Me voy- dijiste-
Hasta pronto -respondí-

Todo tenía sentido... Nuestra historia no poseía final tú, ya no estabas lejos... y yo, no volvería a sentirte así... todo estaba sanado, las heridas estaban cicatrizadas y nuestra vida se abría paso a una nueva segunda parte.