Moriré de sobredosis, una mezcla de alucinógenos, letras y muchas historias juntas, moriré con aquellas antigüas bombas químicas que solían navegar por la sangre de cualquier escritor que haya tomado un par de copas y luego decide salir a jugar con las letras, en una esquina.Moriré, como aquel señor, que salió de pronto -apurado y abrumado por todo- y no miró hacia donde iba... y sus pies, sus pies le jugaron una mala pasada le traicionaron, al igual que muchos antes.
Moriré, cuando los pulmones sientan que aunque respiren todo el aire del mundo no les es necesario, cuando los pies no den más y cuando la mente -antes que todo- decida que el paso de los pies sobre la tierra debe terminar porque es bastante, moriré, cuando ya no hayan ganas y cuando me consuma de la mano de un cigarro, cuando desaparezca al mismo tiempo que el humo que vaga sobre mi pieza... moriré, cuando los recuerdos contigo ya no hagan magia y cuando me convenza, que todo lo que dijiste un día ya no vale para el hoy.
Moriré, cuando las energías disminuyan a tal punto, que cuando mire por la ventana no me sorprenda y cuando vivir en Valparaíso sea una razón para no querer vivir más.
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